Canciones de portugueses
son como barcos en el mar—
van de un alma a otra
con riesgos de naufragar.
Si ayer a tu puerta
más triste el viento pasó—
mira: llevaba un suspiro...
Ya sabes quién lo mandó...
Tienes una rosa en la mano.
No sé si es para dármela.
Las rosas que tienes en la cara,
esas bien sabes guartártelas.
Adiviné lo que piensas
sólo por saber que no era
alguna de las cosas inmensas
que mi alma siempre espera.
Tenías un peine español
en el cabello portugués,
mas cuando te miraba el sol,
eras sólo quien Dios te hizo.
Todos los días que pasan
sin que pases por aquí
son días que me desgracian
porque me privan de ti.
Tengo un librito en donde escribo
cuando me olvido de ti.
Es un libro de pastas negras
en donde aún nada escribí.
Le di un beso junto a la boca
porque la boca se me hurtó.
La idea acaso fue loca,
lo malo fue no acertar.
¡Qué me ímporta por donde
anduviste todo este día!
Nunca bien hace quien se esconde...
pero ¿adónde fuiste, María?
>Eres María de la Piedad,
porque te pusieron así.
Se María a tu gusto,
pero ten piedad de mí.
Una muñeca de trapos
no se parte si se cae.
Me hiciste el alma harapos...
Bueno: no se puede partir.
Cuando compones el cabello
con tu mano distraída
me haces un gran ovillo
en el pensamiento de la vida.
Por encima de la falda azul
hay una blusa encarnada,
y por encima de eso los ojos
que nunca me dicen nada.
Dos horas van pasadas
sin que te vea pasar
¡Qué cosas mal combinadas
son el amor y esperar!
Dos veces te hablé
de que iría a hablarte.
Cuatro veces te encontré
sin palabra que decirte.
Me miras a veces
como quien sabe quien soy.
Después pasan días, meses,
sin que vayas por donde voy.
Pero qué gran disparate
es lo que pienso y lo que siento.
Mi corazón late, late
y si sueño mucho, miento.
La vida es un hospital
donde casi todo falta.
Por eso nadie se cura
y morir es darme de alta.
Saudades, sólo portugueses
consiguen sentirlas bien,
porque tienen esa palabra
para decir que las tienen.
Agua que pasa y canta
es agua que hace dormir...
Soñar es cosa que encanta,
pensar es ya no sentir.
Fernando Pessoa
son como barcos en el mar—
van de un alma a otra
con riesgos de naufragar.
Si ayer a tu puerta
más triste el viento pasó—
mira: llevaba un suspiro...
Ya sabes quién lo mandó...
Tienes una rosa en la mano.
No sé si es para dármela.
Las rosas que tienes en la cara,
esas bien sabes guartártelas.
Adiviné lo que piensas
sólo por saber que no era
alguna de las cosas inmensas
que mi alma siempre espera.
Tenías un peine español
en el cabello portugués,
mas cuando te miraba el sol,
eras sólo quien Dios te hizo.
Todos los días que pasan
sin que pases por aquí
son días que me desgracian
porque me privan de ti.
Tengo un librito en donde escribo
cuando me olvido de ti.
Es un libro de pastas negras
en donde aún nada escribí.
Le di un beso junto a la boca
porque la boca se me hurtó.
La idea acaso fue loca,
lo malo fue no acertar.
¡Qué me ímporta por donde
anduviste todo este día!
Nunca bien hace quien se esconde...
pero ¿adónde fuiste, María?
>Eres María de la Piedad,
porque te pusieron así.
Se María a tu gusto,
pero ten piedad de mí.
Una muñeca de trapos
no se parte si se cae.
Me hiciste el alma harapos...
Bueno: no se puede partir.
Cuando compones el cabello
con tu mano distraída
me haces un gran ovillo
en el pensamiento de la vida.
Por encima de la falda azul
hay una blusa encarnada,
y por encima de eso los ojos
que nunca me dicen nada.
Dos horas van pasadas
sin que te vea pasar
¡Qué cosas mal combinadas
son el amor y esperar!
Dos veces te hablé
de que iría a hablarte.
Cuatro veces te encontré
sin palabra que decirte.
Me miras a veces
como quien sabe quien soy.
Después pasan días, meses,
sin que vayas por donde voy.
Pero qué gran disparate
es lo que pienso y lo que siento.
Mi corazón late, late
y si sueño mucho, miento.
La vida es un hospital
donde casi todo falta.
Por eso nadie se cura
y morir es darme de alta.
Saudades, sólo portugueses
consiguen sentirlas bien,
porque tienen esa palabra
para decir que las tienen.
Agua que pasa y canta
es agua que hace dormir...
Soñar es cosa que encanta,
pensar es ya no sentir.
Fernando Pessoa
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